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“Hay que reactivar Cuenca como el epicentro de arte que fue con el abstracto, pero con el muralismo” Entrevista del domingo con Mario Rodríguez, artista muralista conocido como Mr. Trazo

Mario Rodríguez, conocido como Mr. Trazo, es un muralista natural de Brazatortas (Ciudad Real) que estableció su residencia artística en Cuenca tras licenciarse en Bellas Artes. En esta entrevista da a conocer sus puntos de vista sobre el aumento de popularidad del arte urbano, el estado artístico de la capital conquense o las bandas de grafiteros, entre otros asuntos.

“Hoy en día el grafiti sigue siendo una reivindicación, un grito, es puro ego y rebeldía”

¿Cuándo y dónde nace Mr. Trazo?

Mr. Trazo es el segundo seudónimo que usé para hacer grafitis, para firmar básicamente en la calle. Mi primer seudónimo como grafitero fue Soim, que para mi significaba ‘Soy Mario’. Al final, había que inventar un nombre que fuera sonoro. Me parece curioso, porque hoy en día el grafiti sigue siendo una reivindicación, un grito, es puro ego y rebeldía.

Por diferenciar, el grafiti al que se refiere es a las firmas en las paredes.

El grafiti es proyectar el nombre con más o menos estilo, cuidando la tipografía de la firma. Tratabas de que incluso un garabato rápido fuese con estilo. Se cuidaban esos detalles porque el que más se viera sobre otro era el que más importancia ganaba y más fama tenía.

Antes de la época del Instagram e Internet el grafiti ya funcionaba así, cuando ibas por una autovía veías los grafitis y el que más destacaba ya fuera por tamaño, elaboración o algún motivo concreto al final era el que se te quedaba en la cabeza y cuando volvías a pasar por otro puente ya ibas buscando un grafiti de esa persona. Ahora se han cambiado los edificios por un montón de fotos en Instagram. Ya no es como antes, cuando te encontrabas con un grafiti de alguien a quien tú seguías de forma repentina en la calle.

¿Cómo fue el cambio de Soim a Mr. Trazo?

Hubo una evolución. No recuerdo la época exacta en la que nació Mr. Trazo, quizá fue cuando estaba en el Bachillerato o la carrera. Soim había nacido con trece o catorce años, en plena adolescencia.

Yo era un chico muy tímido en clase, mis primeras influencias con el grafiti son de cuando iba a ver mi tía a su casa en Leganés. Ahí estaba todo pintado, hasta arriba de firmas y piezas muy elaboradas. A mí siempre me había gustado dibujar, y vi que lo que me apetecía hacer era eso. También veía grafitis con mis padres cuando íbamos a la trashumancia en Segovia y pasábamos por las autovías de Madrid; y en Ciudad Real, que había un grupo muy importante llamado ‘626’ , que es el artículo del Código Penal que multa a los grafiteros.

¿Cuál es su primer recuerdo de pintar en la calle?

El primer recuerdo lo tengo de la finca en Ciudad Real y tener unas pinturas de lo que entonces eran los 20 duros. Con dos o tres latas que pude comprar con lo que llevaba salí con la bicicleta de la finca y fui por una carreterilla de cerca firmando todo lo que iba encontrando por medio, señales, paredes…

Luego, con Mr. Trazo hay una evolución, empiezo a relacionarme directamente con el Arte, y aunque seguía haciendo letras me empapaba de otras fuentes. Eran grafitis de firma pero más elaborados. Porque antes tampoco daba para mucho más, ahorraba el dinero que me daban para el bocadillo y me lo gastaba en sprays. Cuando empecé a tener un poco más dinero ya empiezas a comprar más botes y hacer mejores pintadas. Ya en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca aprendí muchas cosas y las apliqué a la calle, pero conservando la técnica, porque el grafiti tiene un aliciente vandálico innato.

¿Sigue sintiendo esa adrenalina?

A veces sí.

Pero ya pinta siempre con seguridad.

Sí porque además la pintura es cara y ya si pinto es con ganancias o un mural tranquilamente que a mi me reporte algo. Por ejemplo, que si yo luego publico el mural en Instagram me reporte algún tipo de contrapartida, como acudir a algún festival. Generar obra e ir ampliando la trayectoria, no pintar por pintar. Casi todo va por encargo y lo que queda tiene que reportarte algo. Pero sí, a veces sigo sintiendo la necesidad, de hecho cuando veo algunas vallas de la autovía me apetece salir a pintar y recuperar esa adrenalina de pintar donde no se puede, de lo prohibido.

Llegamos a una edad donde estás cohibido, entre otras razones ya las multas no las pagarían tus padres. Lo que gano no merece la pena gastarlo en multas, pero sí que sigue apeteciendo salir a pintar, sobre todo cuando estás harto de todo: los políticos, la sociedad, de toda esta mierda.

¿Cuándo encontró su última versión, que tiene trabajos mucho más elaborados y pensados en estudio y con su característica deformación de los cánones de belleza?

A día de hoy sigue evolucionando, ahora es un rollo más conceptual todavía, más abstracto. Luego también ha surgido otra forma comercial que es la que realmente me da sustento. Ahí lo que echas es mucho callo y mucha técnica, que permite también trasladarla a Mr. Trazo. Incluso dentro de esta vertiente más realista y comercial hay gente que reconoce quién eres, por la forma de poner la pintura y utilizar los colores.

¿Quiénes son sus principales fuentes de inspiración?

A día de hoy sería difícil decir una fuente de inspiración. Antes de que existiera Instagram tenía cuatro, que había conocido por Internet. Yo conocía a Dante Oroiba que me influía mucho a través de ver sus participaciones en festivales. Ahora más que influencias, lo que tengo son consejos de la gente que voy conociendo en el mundillo sobre todo cuando hago murales colaborativos.

En uno de los últimos murales que hice con Isaac Mahow, de Zaragoza, un amigo, surgió una idea nueva. Estaba deformando y ahora estoy superponiendo unas máscaras, algo que no había hecho hasta esa colaboración.

“Las paredes son el soporte más accesible y el mejor soporte publicitario para trasladar tu mensaje”

¿Por qué eligió las paredes para expresar su arte? ¿Qué veía en ese soporte respecto a otros que le llamaba más la atención?

La reivindicación. Porque es un soporte que está en la calle, tiene que llegar sí o sí a la gente porque lo va a ver, dentro de la indiferencia de unos y el agrado o descontento de otros. Es el soporte más accesible, el mejor soporte publicitario para trasladar tu mensaje. Al principio era mostrar el ego y decir ‘Aquí estoy yo’, y ahora ya hay algo sólido detrás, hay un mensaje que lo sustenta y por eso hay gente que se para delante de los murales y hace sus lecturas y los interpreta.

¿Cómo definiría su estilo? En su último grafiti hemos visto quizá su versión más realista y reivindicativa. ¿Es ahí hacia donde quiere dirigirlo?

Mi estilo es antiacadémico, con todo el tema de las deformaciones. Yo espero que evolucione a algo más abstracto, más sintetizado, sin una elaboración tan minuciosa en el sentido de no entrar tanto en detalles. Incluso que pueda traspasar las dos dimensiones y se convierta en algo tridimensional alrededor de lo que poder movernos, jugando con algo escultórico, luces… Algo más actual, tener más presente los medios de ahora y que no sólo sea pintura.

Conceptualmente quiero seguir experimentando y que haya una evolución. Al final eso lo da el taller. Trabajar mucho en el taller posibilita desarrollar algo y que siga evolucionando. El proceso mío ha sido un poco lento, porque he tenido que compaginarlo con lo comercial, y eso me ha impedido meterme en el taller y experimentar más. Ahora estoy tratando de romper con lo seguro, con lo que ya sé, y abrir vías nuevas sin romper con el Mr. Trazo que se conoce, pero eso va a continuar evolucionando y se van a generar nuevos imaginarios.

“Dentro del mundo surrealista y deforme hay una crítica a los cánones de belleza impuestos por la publicidad y por las bellas artes”

Me refería al mural con el que recientemente ha ganado el concurso convocado por el Ayuntamiento de Cuenca, en el que la denuncia social está muy presente.

Dentro de las deformaciones siempre hay un realismo social. Dentro de todo ese mundo surrealista y deforme hay una crítica a los cánones de belleza impuestos por la publicidad e incluso por las bellas artes, que dictan las proporciones de lo que tiene que ser bello. El estilo es también de un expresionismo abstracto.

Respecto al último mural que menciona, estaba diseñado de forma excepcional para el concurso más que una evolución dentro del estilo. Aunque lo firmase como Mr. Trazo podemos decir que fue Mario quien lo hizo. Mr. Trazo hubiera sido más cañero, lo hice de una forma muy suave y con las figuras sin deformar para que fuera estético. No olvidemos que se trataba de un concurso y lo que quería era ganar. Hice algo comercial, lo que normalmente hago en mi faceta de comercial, eso sí, conservando los colores, la forma de pintar y de pensar.

En el aspecto temático, ¿cuáles son sus temas preferidos y qué asuntos le gustaría abordar?

Aquí separo la obra de estudio y la calle. Porque en la calle siempre suelo ser crítico y hacer un análisis del contexto, de lo que hay próximo o qué tipo de gente habita esas calles o qué perfil pasa por ahí. Siempre lo relaciono con un sitio en concreto, y suele ser algo crítico, que no significa que sea una crítica negativa, o un juego, o una poesía visual.

En el estudio es algo más experimental. Tengo una libreta en la que hablo de individuos, de polaridades. El significado no cambia dependiendo de dónde se ubique la libreta, y sin embargo en un mural el significado de la obra está ligado a su contexto.

Por ejemplo, la obra del concurso era un mural que siempre había querido pintar ahí. Tenía una temática con la que desde siempre quería hacer algo y casualmente ese muro, donde siempre había querido pintar y que ya hubo proyectos para pintarlo hace años que no llegaron a nada, tenía anteriormente una hilera de contenedores. Qué mejor lugar para poner la crítica a los desperdicios plásticos y mejorar la estética de ese paredón gris.

“En lugar de comprar en el Ikea, ¿por qué no invertir en una pieza original de un artista?”

Ha hablado antes de un desdoblamiento entre su versión comercial y urbana. ¿Se puede vivir del arte urbano?

En nuestro país es muy difícil. De hecho, la obra que he vendido como Mr. Trazo ha sido fuera de España. Aquí se vende sobre todo obras seriadas, pero piezas únicas es muy difícil por no decir casi imposible, porque la gente no invierte y tampoco hay tanto nivel adquisitivo en general, y en una casa de una familia de a pie hay cosas más importantes en las que invertir que en arte.

Pero este tipo de obras que sí son asequibles, todo el mundo tiene al final su casa y quiere decorarla. En lugar de comprar algo de Ikea, por qué no invertir en un artista, concepto que en otros países de Europa como Bélgica o Alemania sí tienen, aunque sean pequeñas serigrafías, pero buscan piezas originales. Incluso las figuras más importantes de España, que hay algunos artistas famosísimos, acaban vendiendo fuera porque es imposible.

En cuanto al otro imaginario comercial para negocios, es un imaginario sin mensaje, más decoraciones. No hablaría tanto de arte, porque son más decoraciones. Lo que cambia, al fin y al cabo, es el objetivo, que es lo que diferencia que sea arte o artesanía: lo comercial es artesanía, si hay algo más ya es arte.

¿Tiene obra en ciudades de diferentes países, como Madrid, Barcelona, Wiesbaden, Lisboa, Londres, Miami o México DF. ¿Cambia el ambiente dependiendo del lugar del mundo en el que se encuentre? ¿Ve diferencias incluso dentro de las ciudades españolas?

Simplemente dentro de España ya se nota la diferencia. Incluso dentro de Cuenca, no es lo mismo pintar en el centro que en Los Tiradores. En un sitio los vecinos reciben el mural y en seguida lo hacen suyo, te ven como algo importante por estar interviniendo, mejorando y aportando arte a su barrio. Ofrecen cosas, desde bajarte de su casa un bocadillo a pararse a charlar contigo. En sitios más céntricos la gente va de paso y no se paran. Esa misma diferencia que podemos ver entre el centro y San Antón o Tiradores se puede trasladar a ciudades.

Fuera de Cuenca, ¿tiene algún lugar en el que se haya sentido especialmente acogido?

En Zaragoza estuve muy guay, y fuera de España en Lisboa quizá donde más.

Es una de las personas, si no la que más, que más ha intervenido artísticamente en el paisaje urbano moderno de la capital. ¿Hay algo de Cuenca que haya influenciado su arte?

Sí, al final me he formado aquí y sigo viviendo en Cuenca pese a lo difícil de vivir en un sitio donde el trabajo escasea y las posibilidades son cada vez menores. De hecho, sólo hay que ver lo que tiene que ver con el arte en Cuenca cómo ha ido mermando. También es entendible, porque si la ciudad se reduce en general, esto que es una porción mínima, pues se nota más.

La Facultad de Bellas Artes de Cuenca ha tenido mucho que ver con mi arte. Ya no sólo por lo que aprendiera o no, sino por la gente con la que me he relacionado, compañeros de facultad, gente que he ido conociendo… todo influye, incluso compañeros de trabajo como fuisteis vosotros.

¿Sabe cuántas obras tienen en Cuenca?

No lo sé. Algunas supongo que han desaparecido, otras se han reciclado.

“Hay muchos muros desperdiciados en Cuenca en los que se podrían hacer murales gigantes”

¿Hacia dónde debe avanzar el arte urbano en Cuenca?

Creo que necesita una mejora muy grande. Ya no hablo de planes urbanísticos superambiciosos. El Casco Antiguo está muy bonito, pero hay más ciudad que hay que conservar. Tenemos muchos espacios degradados y feos. En la zona de las vías, sin invertir mucho, se podrían hacer cosas. Llegar a acuerdos con artistas y arquitectos para recuperar los espacios muertos. A nivel artístico hace falta mucho más y habría que seguir avanzando con un festival como el que se organizaba, Zarajos Deluxe, que al final cuestan un tercio de lo que vale una rotonda y se puede contribuir mucho.

Siempre hay que hablar de festivales remunerados, porque tenemos el gran problema de que se organizan en toda España festivales en el que cobra todo el mundo menos los artistas. Los municipios quieren decorar su pueblo de forma gratuita o con concursos, y eso no es. Al final los artistas tienen que ganar dinero.

En Cuenca tenemos una gran cantidad de medianeras impresionante. Hay muchos muros desperdiciados en los que se podrían hacer murales gigantes. Habría que darles una vuelta para ser un poco original y que no sean los que se hacen en EEUU. Porque ahora hay una tendencia de artistas que en todos los sitios pintan lo mismo: no estudian el contexto ni lo relacionan con el sitio, y el mural que han pintado en Nueva York lo podrían pintar en Cuenca. No tiene mucho sentido, es como cuando yo firmaba con ‘Soim’.

Es decir, hay que hacer un festival en el que lo que se haga en Cuenca sea de Cuenca, y no significa pintar las Casas Colgadas, pero sí entender a los conquenses y sus tradiciones. Por ejemplo, guiños al arte abstracto. Habría posibilidades de reactivar Cuenca dentro del muralismo y volver a convertirla en un epicentro de arte, en su día fue el arte abstracto, y ahora se puede fomentar aquí. Es cierto que la pintura mural está muy extendida, pero es cuestión de ser más originales que en otras ciudades.

¿Hay personas y talento suficiente para que se lleve a cabo esa gran explosión artística?

Yo creo que sí. Podría venir de otros puntos. En Cuenca ha habido talleres y festivales por los que ni siquiera los alumnos de la Facultad de Bellas Artes se han interesado. Por ejemplo, al Zarajo Deluxe vinieron críticos muy importantes del mundo del grafiti y no asistían. Hay un desánimo general. Si a mí me los hubieran traído a la Facultad de Bellas Artes en su día hubiera alucinado.

Hay que recordar que Cuenca fue capaz de enganchar a importantes artistas cuando la fundación del Museo de Arte Abstracto. Porque es una ciudad que engancha gracias a la personalidad de sus vecinos, que siempre arropan, tanto los jóvenes como los mayores.

Los resultados del Zarajos Deluxe fueron buenos, se hizo un spot e incluso vino gente de Madrid a conocer el contexto donde se iba a hacer la intervención mural antes de hacerlo. Es curioso que a través de un anuncio vieran los barrios y viniesen a participar en el concurso solo por un anuncio. Es un sitio que engancha y que sabiéndolo mover lo volveríamos a poner en el mapa, aunque sea dentro del sector del arte.

¿En qué espacio de Cuenca le gustaría hacer una gran obra? Es un ejercicio hipotético, sin limitaciones de protección patrimonial.

El Casco Antiguo está protegido porque es Patrimonio de la Humanidad, pero creo que en su interior se han cometido verdaderas barbaries urbanísticas. Al final, hay muchas restauraciones que se han hecho mal, con pintura plástica.

“Si se hizo el monumento a la Constitución encima de las ruinas del Alcázar, ¿por qué no se puede hacer un mural contemporáneo en el Casco Antiguo?”

Si no hubiera esa protección, entiendo que iría de cabeza hacia esa zona.

A mí me gustaría hacer algo, claro. Si en su día lo hicieron los abstractos, por qué no hacer algo ahora contemporáneo. No estoy diciendo que haya que intervenir un edificio, pero a lo mejor se podría hacer algo.

De hecho, el monumento a la Constitución está encima de las ruinas del Alcázar. El monumento tiene una base de hormigón de cemento. A mi me llamó la atención en su momento esta escultura de Torner porque un grafitero había hecho una firma en ese muro de cemento que es insustancial y nada dice. Levantó mucha polémica cuando lo comenté en mi Facebook, porque había gente que decía que lo primero que desprestigia las ruinas sería el monumento en sí, no la firma que está en el monumento; y por otro lado otras personas se preguntaban si el muro de hormigón forma parte del monumento o sólo es un pódium.

Si se hizo un monumento encima de unas ruinas, por qué no se puede hacer un mural contemporáneo en el Casco Antiguo, no estoy hablando de pintar en las Casas Colgadas, pero sí alguna fachada que tenga pintura plástica y ni siquiera con pigmentos tierra como las casas de colores. Por supuesto, hay cosas que hay que respetar, y hablo de un mural integrado, que no sea ‘cantoso’. El Casco Antiguo es el mejor escaparate, y si alguien viene a Cuenca donde viene es ahí.

La Catedral o la fachada del Ayuntamiento, por ejemplo, no le llamarían la atención para hacer uno.

No sería tan ambicioso para decir la Catedral o las Casas Colgadas, porque considero que están bien como están. De hacer algo, sería en un edificio civil o algún espacio de arte donde dejar una muestra mía.

Hace tiempo me propusieron hacer algo en la Fundación Antonio Pérez y el proyecto quedó en agua de borrajas. Era una actuación perenne dentro del claustro. Haber tenido eso, para mí tenía más valor que cualquier mural. Mi propuesta era una instalación muy chula con varios contenedores marítimos que enlazaban muy bien con el ‘objeto encontrado’, tema principal del museo de Antonio Pérez, que defiende con su arte que se pueden ver Sauras y Picassos en cualquier tipo de objeto. ¿Qué mejor que hacer una instalación con contenedores marítimos, que son los que trasladan todo tipo de objetos de todo el mundo? Conceptualmente estaba muy ligado al museo, los contenedores iban a tener una estética muy urbana en su exterior, todo grafiteados, y a su vez siempre relacionados con el objeto encontrado y con personajes que hablaran del propio Antonio Pérez. Incluso, dentro de los contenedores tener pequeñas instalaciones con luces y pequeñas esculturas encontradas y pinturas. Creo que era superinteresante la ideal.

Ya sabe lo que es que un gran museo exponga obra suya: tiene catálogo en la prestigiosa Durán Online Gallery.

Con Durán va un poco más despacio por cómo está el tema del mercado en España. Sí que se han hecho algunas exposiciones físicas.

¿Qué supuso empezar con ellos?

Ha servido para darme a conocer y también para conocer a grandes compañeros. De hecho tengo pendiente también tomarme algún café con algunos de ellos que me escribieron hace tiempo, cuando entré en la galería. Porque hicieron una inauguración física a la que no pude ir y lo estoy lamentando todavía. A ver si pueden hacer otra porque luego está superchulo, conoces a tus compañeros de galería. Si consigo montar un Zarajo Deluxe seguramente muchos de ellos estén invitados a Cuenca para pintar, porque son grandes artistas y sería un orgullo tenerlos aquí porque son figuras muy importantes dentro del arte urbano.

Aquí ya hemos tenido figuras muy importantes, y no sé si somos conscientes de ello, con Zarajo Deluxe se trajeron personas muy importantes, como Samina y Popay, y no somos conscientes del valor que tiene su obra, pero están aquí en Cuenca. Igual que algunos están dentro del Museo de Arte Abstracto, en la calle también los tenemos gratis y puedes ir a cualquier hora y verlos.

“Hay que hacer un festival remunerado que vuelva a situar a Cuenca en el mapa”

Por lo que veo, lleva en mente volver a organizar Zarajos Deluxe.

Ahora estoy muy motivado e ilusionado. El concurso estuvo muy bien y valoro esta labor que ha tenido el Gobierno del Ayuntamiento de Cuenca de hacer el concurso, y yo estoy contentísimo de haber recibido el primer premio. Pero hay que dar una vuelta más y hacer un festival remunerado que vuelva a situar a Cuenca en el mapa, y me gustaría estar ahí.

¿Dónde le gustaría que se hiciera esa nueva intervención?

San Antón y Tiradores me gustaron mucho porque los vecindarios se volcaron y gracias a ellos la gente se fue de Cuenca encantadísima. Los artistas hicieron turismo, conocieron la gastronomía y a los conquenses y de hecho quieren volver a repetir. Porque hay muchos festivales y con mucho presupuesto, pero cómo los acogieron en San Antón y Tiradores hizo que este fuera especial. Continuar en esos barrios estaría muy bien.

Lo que pasa es que creo que tampoco hay que marginar el resto de ciudad. La zona de las vías es importante, y si no se hace nada arquitectónicamente podríamos aderezarlo desde el arte. Se puede hacer un paseo de una forma muy económica, seguramente el Ayuntamiento y Renfe podrían hacer un caminito con piedras y esculturas a los lados y con los muros pintados. Porque al final vas por las vías de Renfe y está todo lleno de mierda, la gente pasea a los perros, en verano prenden fuego a los matorrales… La zona de los edificios de los sindicatos por ejemplo también está muy degradada.

“Si tienes un barrio dejado de la mano de Dios, al final la gente va a salir a firmar en las paredes”

Parece como que los grafiteros tienen especial predilección por este tipo de zonas urbanas más degradadas o decadentes.

El grafiti usa una zona que ya está degradada, no es que degrade. Si tienes un barrio dejado de la mano de Dios, abandonado y a su bola, al final la gente va a ir a intervenir y a firmar en las paredes. Si la gente está cabreada, la gente va a pintar su propio barrio. En muchos casos son zonas que ya están degradadas.

Los jóvenes siempre buscan sitios donde meterse. Con mi grupo de colegas, por ejemplo, entramos en el Paraninfo cuando estaba abandonado. Entrar a grafitear un teatro abandonado era un paraíso, había caballetes e incluso llegamos hasta un campanario que había. Luego lo restauraron, y bien podrían haber dejado un recuerdo.

Hay sitios que están abandonados y el hecho de que alguien los pinte no los hace ni mejor ni peor sitio. Una cosa con la que tenemos que romper es que el grafiti no deja de ser pintura. Romper una farola o un banco hace que se pierda su utilidad, pero una pared pintada sigue teniendo la misma utilidad. Es pintura que se puede limpiar o tapar. Otra cosa es que se haga sin respetar el patrimonio. Pero no a nivel general en un barrio moderno en el que se han hecho mierdas arquitectónicas nuevas que no tienen ningún sentido y que seguramente cuando pasen 500 años se habrán destruido y no se habrán conservado porque todas las ciudades son iguales.

Ahora las construcciones son ladrillo, cemento y pintura plástica. Una firma es pintura plástica sobre pintura plástica. Hay gente a la que una firma le puede estorbar a los ojos, porque nos han enseñado que todo tiene que estar impoluto cuando al lado tenemos un solar lleno de mierda. Hay unas contradicciones muy grandes.

“El grafiti ya existía en la Prehistoria, es innato al ser humano”.

¿Cree que hay un problema real con las personas que están firmando paredes? ¿Cómo debería solucionarse?

Se debería atajar desde la educación, no desde las multas. El grafiti ya existía en la Prehistoria cuando se pintaban las paredes de las cuevas. Porque es innato al ser humano. El día que dejemos de salir a la calle a poner nuestro seudónimo significará que todos estamos bajo un control autoritario. Yo ya estoy dentro de ese control, pero creo que ha sido por una evolución a nivel intelectual y ya lo hago de otra forma, trasladando de otra forma los mismos mensajes que hacía cuando tenía quince años.

¿Le han multado alguna vez o ha tenido algún recuerdo desagradable con la policía por estar pintando?

Tuve en mi pueblo alguno de chiquillo, y por suerte era menor de edad y solo me acompañaron a mi casa a por el DNI porque no lo llevaba encima. Lo único que pasó es que el grafiti que estaba haciendo se quedó a medias.

Luego tuve otra en mi pueblo, pintando en unos puentes abandonados próximos a la vía del AVE y fue la policía porque no tenía otra cosa que hacer, estuvieron echando el rato y me preguntaron que si era el tal Mr. Trazo porque lo tenía todo firmado por allí. Yo les dije que yo no era, que estaba pintando otra cosa. Me pareció curioso que no me dijeran nada, porque por donde estaba pintando estaba todo lleno de firmas de Mr. Trazo.

Igual se hicieron los tontos.

No lo quisieron ver. Era un chiquillo, qué iban a hacer. No estaba pintando en ningún sitio para hacer daño.

Sin embargo eso mismo que me pasó en el pueblo, a compañeros de la facultad les ha pasado aquí en Cuenca y les multaron y quitaron todos los botes por pintar en un puente en medio del campo. Basta ya de perseguir a unos chiquillos que están pintando en un puente en medio del campo: si nos quejamos de que pintan en la ciudad, déjalos que pinten en el campo. Porque si no, van a ir a pintar a la ciudad porque es una necesidad innata con el ser humano.

¿Ha tenido alguna etapa de vándalo?

Sí, incluso aquí los primeros años de carrera. Hasta los 21 años salía a pintar por las noches y me lo pasaba pipa, la verdad.

¿Es necesario para que haya nuevos grandes muralistas los artistas tengan que pasar por esa etapa de la firma macarra?

No necesariamente, pero no todo el mundo entiende el arte urbano como quien viene del grafiti. Hay gente que se ha pasado al arte urbano y viene desde la ilustración o de otros campos más eruditos.

Nosotros (los grafiteros) vemos la calle de otra manera. Sabemos que está ahí para lanzar un mensaje y para aportar algo. No para hacer simples ilustraciones en la calle. Meras imágenes que pueden ser bonitas pero luego no valen para nada.

“El grafiti es vandálico pero también es libertad. Si el grafitero deja de existir es mal asunto porque seremos un rebañito bien llevado”

¿Se deberían establecer límites en el arte urbano?

Lo bueno del grafiti es que todo el mundo puede tener acceso a él. No tienes por qué saber pintar para sentir la adrenalina y sentirte alguien pintando y poniendo tu nombre por la calle. Luego está la diferencia entre el que le gusta dibujar y con una simple firma quiere tener su estilo y quien no sabe.

El grafiti es la libertad. Podríamos decir que es vandálico pero también es libertad. Puedes ser el más prepotente por tener un chalé en el centro de Cuenca y creerte más que nadie y que venga un nadie y te pinte en tu casa con un spray. Y no deja de ser una pintura plástica, que no es nada. Y sin embargo, imagina el poder que tiene para que los políticos se fijen en eso.

Hay que separar bien, porque hay pintadas políticas, pintadas de amor… que eso son pintadas, no grafiti. Desafortunadamente, y los medios de comunicación han tenido mucha culpa, la gente engloba todo dentro del grafiti.

No es más importante lo que yo hago que lo que hace un grafitero. Que haga daño o que pinte en un sitio sin permiso, eso es otra cosa. Pero no es más importante una cosa que la otra, porque mal asunto cuando el grafitero deje de existir, seremos un rebañito bien llevado. Yo soy defensor del grafiti aunque hoy en día no lo haga.

¿Qué impresión tiene de los grupos que están saliendo en las noticias a nivel nacional que pintan vagones de metro en las grandes ciudades y que han llegado a agredir a agentes de seguridad?

En el grafiti pasa como pasa en el fútbol. Es deporte y debería haber buen rollo, pero luego vemos imágenes de padres pegándose de hostias en los partidos de sus hijos. Depende de la actitud de las personas. En el grafiti no todos son malos ni deluncuentes, dentro de que salen a pintar. Hay gente muy, muy maja, pero luego van y pintan, y eso no significa que sean delincuentes. Hay gente pintando trenes y no todos van a pegar a los seguratas.

Es cierto que hay un sector dentro del grafiti, que es el ‘trenero’, que suele ser un poco más quinqui que el que pinta carretera, que a su vez es más quinqui que los que pintan en la calle. Luego, tienen una competición entre ver quién es el que más arriesga. Eso sí, todo lo que implique violencia yo lo veo mal. Defiendo que el grafiti debe de existir, pero en ningún momento debe implicar violencia. Si añadimos ese ingrediente de la violencia para mi dejan de ser grafiteros y se convierten en una banda criminal que está usando el spray para hacer otra cosa.

¿Está el grafiti más de moda que nunca?

Vamos a separar muralismo y grafiti. Yo viví un boom entre 2002 y 2004, cuando vi a los primeros grafiteros en el primer festival que se hizo en toda España, que fue en Segovia y que congregaba hip-hop y grafiti. Ahora ya se ha separado del fenómeno musical y no importa lo que escuches para hacer grafiti.

Ahí ya había grafiteros que empezaban con el muralismo, como por ejemplo los primeros de Boa Mistura, agrupación tan conocida en España como Banksy. Entonces hacían letras, más típicas del grafiti, y apuntaban maneras porque eran la bomba. A partir de ahí, empezaron a florecer las exhibiciones de grafiti. Tuve la ocasión de, en primero o segundo de carrera (2006-2007) organizar en mi pueblo la primera exhibición de grafiti.

Luego ese boom se fue cambiando por el muralismo, como es mi caso. Empezamos a hacer algo nuevo con el spray, dejamos de hacer letras y buscamos un imaginario propio que igual estábamos haciendo en papel y que luego trasladamos a la calle. Ahí el grafiti perdió fuelle, porque muchos pasaron a hacer otras cosas.

A esa ola del muralismo se sumó gente que estaba haciendo otro tipo de arte, como ilustración, diseño gráfico o escultura. El problema es que el boom que hay ahora en España con tantos festivales está para decorar, que es una palabra que odio, porque un museo en una ciudad no se hace para decorar.

Hay que reivindicar, y aprovecho esta entrevista para hacerlo, que todos estos festivales están muy bien, pero todos deberían ser remunerados y que no sólo cobren los organizadores y fotógrafos, porque los artistas deberían cobrar y vivir de eso.

¿Qué le pareció la performance de Banksy en la que destruyó su obra tras ser subastada?

Me pareció una idea cojonuda. Sospecho que Banksy es más una agrupación que un artista. Yo creo que esa obra fue una colaboración entre galerista y el propio autor o autores. Sospecho que pueden ser varios por la cantidad de obra que genera y en sitios tan dispares del mundo en dos días seguidos.

Me gustó mucho el concepto de la obra que se autodestruye, y ya sabía que se iba a triplicar porque era una performance que formaba parte de la propia pieza. Considero que la galería lo tenía todo controlado y que no es que hubiera un intruso que diera a un mando de distancia y se activase. Supongo que ya estaba pactado para que la obra se vendiese por mucho más y beneficiase al artista y a la casa de subastas.

Me gusta su arte porque tiene mucho en cuenta el contexto. Luego hay otras cosas que me convencen menos de él, pero ha sido muy importante porque ha introducido el arte urbano y el muralismo, que es relacionar las piezas a su contexto.

Decía que hay cosas que me convencen menos, pero en verdad no son su culpa. La culpa es de los medios, que sólo lo conocen a él y no van más allá. Cuando se habla de arte urbano siempre sale él, y hay que investigar porque hay muchos más.

Los grafiteros tienen que lidiar bien de cerca con la destrucción del arte que crean.

Es una realidad con la que contamos. Gracias a la tecnología y con las cámaras de fotos podemos guardar un recuerdo. Nunca será como ver la obra pintada en la calle, pero al menos queda ese registro. Los cuadros también se pueden perder si hay un incendio en el museo. Perdurar en el tiempo es deseo de todo el mundo, y cuando hacemos arte una de las cosas innatas es trascender. En mi caso, ojalá el día de mañana yo no esté aquí pero quede lo que haga y alguien lo vea y me recuerde.

Estaría bien que fuera el propio vecindario el que decidiera si una obra se debe conservar o no, y restaurarla o darle algún producto para que no se desgaste en consecuencia. Por ejemplo, hay en Italia una obra de un muralista de hace tiempo que fue conservada con un metacrilato. La labor de conservar corresponde también a las instituciones culturales de la ciudad.

“Un pintor de brocha gorda cobra más que nosotros”

¿Dónde se ve dentro de 20 años?

Esta es una carrera de altibajos, y he tenido momentos muy complicados. Dan unos bajones impresionantes en el mundo del arte. Pero también hay momentos de alegría y satisfacción impresionantes. Respecto al futuro, tengo el máster de profesor, pero al menos por el momento no tengo muy claro que quieras ser profesor. Tengo 31 años y quiero seguir intentándolo otro poquito, por lo menos un año más. Y a ver si las instituciones y empresas grandes apoyan una nueva edición de Zarajos Deluxe, porque los artistas requieren una remuneración.

Hay una reivindicación que quiero hacer a los artistas y grafiteros. Cuando empiezas, está muy bien que te dejen paredes para pintar gratis, pero no deben olvidar que los trabajos se cobran porque luego un fontanero no regala nada y un pintor de brocha gorda cobra más que nosotros. Vamos a cambiar el chip porque tenemos una formación y el cliente también debe de pagarla.

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